Hoy más que nunca la agilidad es necesaria para adaptarse

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Una mentalidad ágil es fundamental para que las organizaciones se hagan cargo de esta gran oportunidad de adaptarse al contexto volátil, incierto, complejo y ambiguo (VUCA) que vivimos en esta era. De la misma manera, la agilidad es necesaria, sobre todo hoy, para maximizar la generación de valor hacia los clientes. Así lo afirma Renato Otaíza, Agile Coach actualmente en Scotiabank, participando previamente en organizaciones como LATAM Airlines e Infosys, entre otras.

A partir de esta mentalidad, las organizaciones pueden aprovechar esta oportunidad a través de:

  1. Enfocarse y adaptarse a las necesidades del cliente y del contexto en el que se encuentren.
  2. Conectar organizaciones enteras (y no sólo áreas/departamentos digitales o de desarrollo de software) con un propósito común y desarrollar una cultura acorde, con una base valórica, a lo largo de ella.
  3. Maximizar el valor del esfuerzo de las personas dirigido a satisfacer los objetivos acordados, asegurando que las actividades y acciones de ellas están aportando directamente y generan valor para la organización.

Por lo tanto, Renato resaltó que la agilidad ya no es una tendencia. De tal manera que ciertas áreas clave en distintos tipos de organizaciones, como departamentos de Gestión de Talento o Recursos Humanos, impulsan la implementación de una cultura y práctica de trabajo ágil.

Renato Otaíza -egresado del Master of Business Information Systems de The Australian National University- ha experimentado y contribuido en transformaciones digitales y culturales en pequeñas y grandes empresas en Chile, en Australia e India. Renato busca que las organizaciones en las que participa se desarrollen y evolucionen como empresas ágiles, que se adapten a los cambios, que ofrezcan respuestas oportunas a sus clientes y valoren a su talento.

Tres elementos que conforman la agilidad

Renato Otaíza acotó que la agilidad se establece y se incorpora a lo largo del negocio por medio de tres elementos. “La adaptación (primer elemento): foco en el cliente, analizar y entender sus necesidades y el problema a resolver, y constantemente observar su comportamiento para ir mejorando el producto/solución”.

El segundo elemento se concentra en los aportes internos para desarrollar y conectar con un propósito común y desarrollar una cultura organizacional adecuada, con valores y principios que conecten a las personas. Esto, apalancado de modelos como Business Agility. Aquí destaca la convicción de las organizaciones en considerar que la agilidad no es únicamente para equipos «digitales”, de desarrollo de software o de tecnología, sino que genera valor en cualquier negocio y en cualquier industria.  

Finalmente, el tercer elemento es una gestión apropiada de objetivos, por ejemplo, mediante OKRs (Objectives & Key Results). “Los objetivos se definen y persiguen constantemente. La idea es asegurar que las tareas e iniciativas que se estén desarrollando estén bajo un parámetro que se vincula con un objetivo”. 

El desafío de las organizaciones 

El principal desafío que enfrenta la agilidad en las empresas está asociado con la cultura organizacional, el qué y cómo se han hecho y hacen las cosas, generando en muchos casos resistencia al cambio, según Otaíza. “El poder cambiar las cosas siempre origina ciertas resistencias (…)  Estamos acostumbrados a pensar de una manera y la agilidad no solamente es practicar o hacer cosas distintas; es abordar las oportunidades desde una mentalidad de adaptación, ser conscientes y hacernos responsables de los problemas a solucionar y desde ahí plantear y experimentar soluciones que generen valor, que los planes que alguna vez fueron adecuados y que ahora no sirven se deben cambiar, reaccionar a lo que nos dice el cliente y a los datos, por sobre la intuición”.       

“En muchas organizaciones la agilidad se ha dado de forma natural, han reconocido el contexto en el que nos encontramos y han generado estrategias para hacerse cargo de ello (…) Las áreas clave se han visto empoderadas en indagar el qué y cómo hacemos lo que hacemos (…) Han generado pilotos y pruebas de concepto para ir avanzando en su evolución”, enfatizó. 

Por otra parte, mencionó que otro desafío en las organizaciones es el escalamiento de la agilidad. “Deben involucrarse roles clave de las organizaciones (gerencias, departamentos transversales) (…) Ese es el desafío para una transformación cultural que permita una evolución real (…)”. 

Lo que sigue en el escalamiento de la agilidad

El nuevo rol de áreas clave y el escalamiento de la agilidad, serán las temáticas que marcarán los pasos de la transformación y digitalización de las organizaciones en el corto plazo. 

“El rol de áreas de Gestión de Talento o Recursos Humanos es clave para la evolución de las organizaciones hacia una mentalidad ágil”, insistió Renato. 

Con relación al escalamiento de la agilidad, aseveró “que muchas áreas/departamentos están trabajando en distintos niveles y escalas, ya no solo en el ámbito propio de equipos (…) bajo modelos de escalado como LeSS (Large-Scale Scrum) (…) Éste es un modelo liviano, que no genera tanta complejidad como algunos otros que en general se perciben más predictivos y estructurados”. 

Para finalizar, puntualizó que “muchos modelos de escalado se alejan del concepto de la agilidad (…) y por eso me quedo con modelos más simples que se apalanquen en la autonomía de los equipos, sin agregar tantos elementos adicionales”. 

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